Adiós Catherine O’Hara! Te extrañaremos, queen del exceso, el timing perfecto y el culto pop
Hablar de Catherine O’Hara es hablar de una actriz que convirtió la exageración en arte y el ridículo en elegancia. Ícono de la comedia, musa del humor absurdo y reina indiscutida de personajes inolvidables, su carrera es un recorrido por algunos de los momentos más influyentes —y deliciosamente extraños— de la cultura pop de las últimas cinco décadas.
El origen: Second City y el ADN del humor inteligente
Antes de ser una cara globalmente reconocible, O’Hara fue parte del semillero más importante de la comedia norteamericana: Second City Toronto. Allí desarrolló el músculo que marcaría toda su carrera: improvisación, timing quirúrgico y una habilidad única para crear personajes tan ridículos como profundamente humanos. Desde ese escenario saltó a SCTV, el programa que definió su estilo y la consolidó como una de las mentes más brillantes del sketch comedy.
Beetlejuice y el arte de robar escenas
En 1988, Delia Deetz en Beetlejuice la convirtió en un ícono instantáneo. Con vestuario escultórico, poses imposibles y una entrega sin miedo al exceso, O’Hara entendió algo clave: en manos correctas, la caricatura puede ser más memorable que el realismo. Delia no solo sobrevivió al paso del tiempo; se transformó en un referente estético y performático que sigue siendo citado, imitado y celebrado.
Kevin, el grito que cruzó generaciones
Luego vino Kate McCallister en Home Alone. En un mar de slapstick infantil, O’Hara entregó uno de los momentos más icónicos del cine mainstream: ese grito —“KEVIN!”— que ya es patrimonio cultural. Lo notable no fue solo el meme eterno, sino cómo logró que una comedia familiar tuviera un ancla emocional real sin perder ligereza.
La dupla dorada con Christopher Guest
Otra piedra angular de su legado son las películas mockumentary junto a Christopher Guest (Waiting for Guffman, Best in Show, A Mighty Wind). Ahí O’Hara alcanzó un nivel casi académico de comedia: personajes construidos desde la improvisación, absurdos pero tristemente creíbles, que funcionan como sátira social sin necesidad de subrayados. Para muchos, esta etapa es donde se ve a la O’Hara más pura.
Moira Rose: el renacimiento definitivo
Si había alguna duda sobre su estatus de leyenda, Moira Rose en Schitt’s Creek la disipó por completo. El acento imposible, las pelucas teatrales, el vestuario maximalista y frases que parecen escritas para ser citadas eternamente hicieron de Moira un fenómeno cultural. Pero bajo el artificio, O’Hara entregó algo más complejo: una mujer excéntrica, vulnerable, orgullosa y sorprendentemente tierna. El personaje no solo ganó Emmys, ganó devoción.
El legado: una actriz sin miedo al ridículo
El gran hito de Catherine O’Hara no es un premio ni un personaje aislado, sino su consistencia. Nunca tuvo miedo de verse “demasiado”, nunca pidió permiso para exagerar y jamás subestimó la inteligencia del público. En una industria que muchas veces castiga a las mujeres por ser excéntricas, ella convirtió esa excentricidad en marca registrada.
Hoy, Catherine O’Hara no es solo una actriz querida: es un ícono transversal, venerado por cinéfilos, comediantes, diseñadores, fandoms queer y nuevas generaciones que la descubren en streaming. Una prueba viva de que el humor, cuando se ejecuta con inteligencia y riesgo, envejece mejor que cualquier tendencia.
Porque al final, pocas cosas son tan atemporales como una mujer que se atreve a ser absolutamente ridícula… y brillantemente icónica.
