DESBOCADAS Y PEDRO LEMEBEL: CUANDO LAS YEGUAS DEL APOCALÍPSIS VUELVEN A INCOMODAR

La muestra “Desbocadas” en el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago no es solo una exposición. Es una irrupción tardía pero necesaria de Las Yeguas del Apocalipsis en uno de los espacios más institucionales y tradicionales del arte chilensis. Y en el centro de esa irrupción vuelve a aparecer una figura imposible de domesticar: el mítico y siempre recordado Pedro Lemebel.

Porque hablar de Las Yeguas es hablar de Lemebel. Y hablar de Lemebel es hablar de disidencia, cuerpo y rabia política.

Cuando el museo no logra neutralizar el gesto

Que Desbocadas se exhiba en el Bellas Artes es una paradoja potente. Las Yeguas del Apocalipsis nacieron para interrumpir ceremonias, actos oficiales y discursos de poder, no para ser archivadas en vitrinas. Sin embargo, lejos de neutralizar su impacto, la muestra expone la tensión: el museo contiene, pero no domestica. Es más, sólo contando las obras sin documentar lo comprobamos.

Las obras siguen siendo incómodas porque nunca buscaron aprobación.

Lemebel: cuerpo, escritura y desobediencia

Pedro Lemebel no fue solo cronista ni performer. Fue un cuerpo político en constante fricción con el orden establecido. Desde el travestismo hasta la exposición del deseo, Lemebel utilizó su cuerpo como herramienta de denuncia en plena dictadura, enfrentando al completo abánico político de la época que transversalmente marginaba lo queer. 

Desbocadas reactiva ese gesto corporal como archivo vivo, no como estética decorativa.

Las Yeguas del Apocalipsis: arte como ataque directo

Junto a Francisco Casas, Lemebel convirtió la performance en un acto de resistencia frontal. No había metáforas suaves: había provocación, riesgo y exposición. El cuerpo queer se transformó en un mensaje imposible de ignorar, insertándose a la fuerza en una historia que prefería borrar esas identidades.

Hoy, ver ese trabajo en el museo obliga a preguntarse quién escribe la memoria cultural.

Escritura desde el margen

La obra literaria de Lemebel dialoga directamente con Desbocadas. Sus crónicas mezclan lirismo y violencia cotidiana, deseo y enfermedad, amor y exclusión social. Lo queer, en Lemebel, nunca fue una categoría aislada: siempre estuvo atravesada por clase, poder y abandono.

Esa mirada sigue siendo brutalmente vigente.

Lemebel hoy: ícono que resiste la canonización

En tiempos donde la diversidad se vuelve parte del marketing cultural, Lemebel funciona como un recordatorio incómodo. Su figura no encaja del todo en la institucionalización de lo queer. No es arcoíris pulido, ni orgullo corporativo. Es herida abierta, memoria sin cerrar.

Por eso su entrada al museo no es cierre: es fricción renovada.

Desbocadas como acto contemporáneo

Más que un ejercicio de nostalgia, Desbocadas dialoga directamente con el presente. Las preguntas que plantea —sobre disidencia, cuerpo, poder y representación— siguen abiertas. La muestra no pide distancia académica: exige posicionamiento.

Y eso es justamente lo que vuelve a Las Yeguas peligrosamente actuales.

Por qué esta muestra importa

Porque recuerda que el arte no siempre nace para ser celebrado. A veces nace para incomodar, interrumpir y exponer lo que la historia oficial intenta olvidar. Pedro Lemebel y Las Yeguas del Apocalipsis no regresan al Bellas Artes para ser homenajeados, sino para volver a desordenar el relato.

Y ese desorden sigue siendo urgente. Especialmente hoy.


La muestra retroespectiva está exhibiendo en el Museo de Bellas Artes de Santiago desde el 20 de enero 2026. Para más información, visita el sitio del museo acá.

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