VIRTUALMENTE ESCEPTICO, EMOCIONALMETE CONMOVIDO
Por Kareem Tabsch
Soy el primero en admitir que rara vez —si es que alguna vez— algo en el ámbito de la realidad virtual, la realidad aumentada o similares me ha dejado verdaderamente impactado. La tecnología en sí puede resultar interesante, y ciertamente ha habido obras que despertaron mi curiosidad —Traveling While Black es una que me pareció brillante—, pero por lo general no salto de entusiasmo cuando escucho sobre una nueva experiencia de AR o VR.
Sin embargo, cuando supe que el brillante Ian McKellen protagonizaría, junto a un pequeño elenco, la pieza de realidad mixta An Ark en The Shed de Nueva York, me intrigó. McKellen es un actor formado en el teatro clásico, con una trayectoria en cine y escenario que es legendaria y luminosa, y me dio genuina curiosidad cómo su enorme talento podría trasladarse a un formato —o más bien, a una tecnología— que muchas veces he encontrado interesante, pero poco conmovedora en lo emocional. Me alegra decir que esta obra de Simon Stephens me sorprendió muy gratamente.
En An Ark, un elenco de cuatro actores nos guía a través del ciclo de la vida —con todas sus alegrías y tristezas— desde el nacimiento hasta la muerte, en un recorrido íntimo de 45 minutos. La pieza se desarrolla principalmente a través de monólogos, con interacciones sutiles entre los intérpretes que aparecen sentados frente a ti, vistos a través de visores. El espacio también es parte fundamental de la experiencia: un teatro en formato circular, con simples sillas dispuestas sobre una enorme alfombra roja, ancladas por una esfera blanca luminosa en el centro. Antes de entrar, debes quitarte los zapatos, un gesto pequeño pero inmediato que marca un tono de cercanía e intimidad.
La obra es de “realidad mixta”, lo que significa que las actuaciones holográficas aparecen directamente frente a ti —ninguno de los actores está físicamente presente— pero aun así puedes ver al público que te rodea y el espacio real de la sala. De esta manera, la tecnología se siente menos aislante que la realidad virtual o aumentada tradicional.
El resultado es íntimo, envolvente y, por momentos, profundamente emotivo. Mi acompañante se emocionó hasta las lágrimas más de una vez y necesitó un momento antes de salir —una prueba tanto de la fuerza del texto como de las interpretaciones. Este abrazo a la nueva tecnología en el teatro no solo me pareció prometedor, sino francamente estimulante. La idea de que actuaciones extraordinarias puedan capturarse y perdurar en el tiempo resulta fascinante, y sugiere cómo las artes pueden adaptarse y florecer en medio de transformaciones tecnológicas vertiginosas.
Y una vez más, McKellen me dejó cautivado, al igual que toda la experiencia, que nos llevó a reflexionar sobre los altos y bajos de la vida, su fragilidad y la rapidez con que transcurre —y que, a través de una tecnología emergente y en constante evolución, nos recordó el poder perdurable de la naturaleza y su lugar en la condición humana.
Para ser un espectáculo presentado en realidad mixta, lo sentí profundamente real.
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An Ark, que tuvo su estreno mundial en The Shed, ha extendido su temporada hasta el 4 de abril, con múltiples funciones diarias. Los horarios y la información de entradas están disponibles aquí.
Cabe señalar que, si necesitas lentes con receta, An Ark se disfruta mejor usando lentes de contacto. Sin embargo, habrá lentes correctivos disponibles para quienes usen anteojos (sujeto a disponibilidad).
